Bullying

Bullying[i]

Estamos al tanto que la palabra bullying es de origen anglosajón y que, por ello, es ineludible para los fines de esta exploración conseguir una traducción minuciosa de esta al español. Concretamente el diccionario Inglés-Español del grupo editorial Océano de España sugiere que el significante bullying en realidad emana de la palabra bully, y que en nuestra lengua se traduce como Matón. Por lo tanto, lo que este diccionario nos da a entender que la terminación de ing que hayamos en la palabra bullying expresa la acción del Matón. En otras palabras, lo que conocemos como matonaje. ¿Por qué razón es ineludible para nuestra exploración esta traducción al español de la palabra bully o bullying? La respuesta la expondremos a continuación. Por medio del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española advertimos que la palabra matón asume una acepción clara que refiere a aquel “hombre jactancioso y pendenciero, que procura intimidar a los demás” (1995: 1337). Es justamente este significado el que se enlaza de manera clara con el fenómeno social designado como bullying. Sin embargo, y es precisamente en pos de la faena etimológica que nos hallamos realizando, este diccionario también nos señala que el término matón desciende de la palabra matar y esta última, según la primera acepción de este mismo diccionario, significa “Quitar la vida” (1995: 133), que para nosotros, los analistas, es sinónimo de dar la muerte en tanto que quitar y dar, ausencia y presencia, son las dos caras de una misma moneda. Por lo tanto, es precisamente en este territorio en que se quita la vida y se da la muerte donde debemos encaminarnos para analizar el fenómeno bullying desde una mirada clínica. Es así que el término de matón o matonaje es una de esas pocas palabras que intenta enunciar aquello imposible de ser articulado, que al ser quitado se da, en otras palabras, la muerte. […]

El fenómeno del bullying, en tanto la propia etimología de la palabra lo refiere como a aquello que quita-ausenta la vida y da-presenta la muerte, es privilegiado para la clínica psicoanalítica porque nos evidencia a cabalidad cómo hoy en día se puede razonar la experiencia de dolor freudiana y su consiguiente afecto angustioso. En otras palabras, las víctimas de bullying, al igual que el sujeto que sobrelleva la experiencia de dolor, al sufrir esta violencia injustificada, se le quita-ausenta el lazo social representado por el otro y se le da-presenta el afecto angustioso ligado a la muerte y la exclusión. Solo basta leer la descripción realizada por Andrea Bustos en su estudio titulado Bullying: problemática transversal a nivel escolar, que se encuentra en la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, para darnos cuenta que nuestra formalización analítica no se halla tan alejada de la realidad. En este estudio, la autora menciona que “las consecuencias que provoca el bullying para el sujeto maltratado son muchas, este queda expuesto física y emocionalmente ante el maltratador, generándose consecuencias psicológicas; el acosado vive aterrorizado con la idea de asistir a la escuela, se pone nervioso, triste y solitario en su vida diaria y en algunos esto lo puede llevar al suicidio” (Bustos, 2009). En ese sentido, la descripción recién expuesta nos muestra que el sujeto que ha experimentado de violencia física y emocional arrastra como consecuencia al menos dos posiciones que estructuralmente es una y la misma. En primer lugar, el matón segrega socialmente a la víctima por medio de la violencia. Y en segundo lugar, la víctima, debido al terror de repetir un trauma similar, posteriormente se aísla de todo mundo social. De esta manera, ambas posiciones recién señaladas transitan en un lugar homólogo que llamaremos, dependiendo si hablamos de la víctima o el matón, como aislamiento-segregación de todo lazo simbólico. Estos dos lugares, que representan la exclusión socio-simbólica que sufre la víctima de bullying, se anudan de forma estructural en la experiencia clínica al compartir aquel afecto angustiante ligado a la muerte del lazo social, que en algunos casos puede llegar a tal extremo como el suicidio, pasaje al acto del sujeto. […]

 

Conclusiones-discusión

La pregunta clínica que convenimos hacernos en este momento es la siguiente. Si la víctima de bullying, debido al aislamiento-segregación que sufre, presenta aquel afecto angustioso que va más allá de cualquier lazo social, ¿cómo restablecer entonces su universo simbólico? Para conseguir restituir esta dimensión convenimos, en la experiencia clínica, en-causar nuevamente el deseo del sujeto. De esta manera, hay que preguntarse qué operación clínica promueve el deseo del sujeto en la experiencia analítica. Para restablecer el deseo, y por ende la subjetividad de la víctima de bullying, la operación clínica que lo causa la denominamos en análisis como trasferencia. Concretamente está “en ese punto de encuentro donde es esperado el analista. En tanto que al analista se le supone saber, también se le supone salir al encuentro del deseo inconsciente” (Lacan, 2006: 243). Por lo tanto, como nos recuerda Lacan, la única manera de restituir el deseo clínicamente es a través de la trasferencia simbólica impulsada por la materialidad del significante: es la única forma de sobrellevar aquel afecto angustioso promoviendo una nueva forma de lazo social en el sujeto abusado.

[i] El texto es un fragmento tomado del siguiente artículo: Psique: Breve reflexión psicoanalítica acerca del bullying Brief psychoanalytic thinking about bullying Claudio-Alejandro Reyes-Lozano (1986, chileno, Universidad Nacional Andrés Bello, Chile) c193@hotmail.com. Para ampliar el tema ver: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3973460.pdf

 

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