Gobernar

Fernando Reyes
Espacio Psicoanalítico (Pamplona)
Abril 2007

RAE
Gobernar.

(Del lat. Gubernare)

1. tr. Mandar con autoridad o regir algo. U. t. c. intr.
2. tr. Dirigir un país o una colectividad U. m. c. intr.
3. tr. Guiar y dirigir. Gobernar la nave, la procesión, la danza. U. t. c. prnl.
4. tr. Manejar a alguien, ejercer una fuerte influencia sobre él.
5. tr. vulg. Componer, arreglar.
6. tr. ant. Sustentar (proveer del alimento necesario)
7. intr. Dicho de una nave: Obedecer al timón.
8. prnl. Regirse según una norma, regla o idea.
9. prnl. Comportarse.

Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana (Joan Corominas)

Fin S. X. Del lat. GUBERNARE ‘gobernar (una nave)’, conducir, gobernar (cualquier cosa), y este del gr. Kybernao id.

Educar, gobernar, psicoanalizar.
Estos tres términos tomados en este orden los encontramos en:

Jacques Lacan. Escritos I “La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis/ La formación de los analistas futuros” Pág. 418

Jacques Lacan. Otros trabajos de Jacques Lacan “Radiofonía y televisión/ Primera parte”

Educar, curar, gobernar.
Estos tres términos tomados en este orden los encontramos en:

Sigmund Freud. “El yo y el ello” (1923-25)
Sigmund Freud. “Prefacio para un libro de August Aichhorn” (1925).
Jacques Lacan. Seminario 17 “El Reverso del Psicoanálisis” Clase 16, “La impotencia de la verdad” 10 de Junio de 1970 Pág. 179
Jacques Lacan. Otros trabajos de Jacques Lacan. Radiofonía y televisión/ Primera parte.

Saulo de Tarso en su epístola a Timoteo, escrita esta carta alrededor del año 61 D.C. menciona la dificultad para gobernar. Existe a tal fin un capítulo (Capítulo 3) entero sobre el orden eclesiástico de los conductores de la práctica cristiana cuando se refiere a los obispos (Cap. 3 Versículo 5) dice” pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿Cómo cuidará de la iglesia de Dios?” usa gobernar (PROISTEMI) para la casa del obispo y cuidar (EPIMELOMAI) para la iglesia, y esta palabra en griego es la misma que se usa para quien cuida amorosamente de un enfermo o herido como en la parábola del buen samaritano “Cuídalo hasta mi regreso”, mientras que, para la palabra griega gobernar refiriéndose a su casa, usa PROISTEMI que significa hacer cumplir las reglas.

El autor (Pablo de Tarso) comenta el problema de la falsa ciencia. Recordemos que por entonces había un grupo de cristianos muy importante, que estaba promoviendo o siendo llevado por la doctrina de los gnósticos (hoy en día conocidos como agnósticos)
Los gnósticos, el gnosticismo, es un conjunto de corrientes sincréticas filosófico-religiosas que llegaron a mimetizarse con el cristianismo en los tres primeros siglos de nuestra era, convirtiéndose finalmente en un pensamiento declarado herético después de una etapa de cierto prestigio entre los intelectuales cristianos.

La palabra sincretismo proviene del griego antiguo sinkretismós, “coalición de dos adversarios contra un tercero”, en alusión peyorativa contra los cretenses a quienes los griegos consideraban traicioneros.

En el capítulo I del Seminario 11 Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis titulado “La excomunión” Jacques Lacan describe el proceso de su propia excomunión por parte de la IPA en lo tocante a la formación de los futuros analistas que él imparte en forma de seminarios, Lacan es por tanto considerado un hereje por la IPA y a partir de un cierto momento se le prohíbe continuar impartiendo sus seminarios. En este capítulo, entre otras cosas, Lacan se pregunta también por la falsa ciencia o por la ciencia, y si el psicoanálisis es una ciencia, además indaga sobre, qué, cómo y quién gobierna el psicoanálisis y dice:” ¿Qué es el psicoanálisis?…El lugar desde donde vuelvo a abordar este problema ha cambiado; ya no es un lugar que está del todo dentro, y no se sabe si está fuera.

Este comentario no es anecdótico, y por ello pienso que no considerarán que se trata por mi parte de un recurso a la anécdota o a la polémica, sí les señalo un hecho: que mi enseñanza designada como tal, ha sido sometida por un organismo que se llama el Comité Ejecutivo de una organización internacional llamada la Internacional Psychoanalytical Association, a una censura nada ordinaria, puesto que se trata nada menos que de proscribir esta enseñanza, que ha de ser considerada como nula en todo lo tocante a la habilitación de un psicoanalista, y de convertir esta proscripción en condición para la afiliación internacional de la sociedad psicoanalítica a la cual pertenezco.

Y esto aún no es suficiente. Está especificado que esta afiliación sólo será aceptada si se dan las garantías de que mi enseñanza nunca podrá, por intermedio de esta sociedad, entrar de nuevo en actividad para la formación de analistas. Se trata pues de algo en todo comparable a lo que en otros tiempos se llama excomunión mayor.”

Al preguntarnos por si es posible psicoanalizar nos estamos preguntando implícitamente que es psicoanalizar, que es el psicoanálisis, decimos con Lacan que el psicoanálisis es una praxis, pero no resulta fácil definirlo, porque en ocasiones se nos escapa verdaderamente en qué consiste esta práctica, puesto que en el abordaje de la cura uno a uno, en esa reinvención continua del psicoanálisis. Lacan dirá que el psicoanálisis es una ética.
En el apartado 2 de “La excomunión” continúa Lacan con sus indagaciones:
“¿Qué es una praxis? Me parece dudoso que este término pueda ser considerado impropio en lo que al psicoanálisis respecta. Es el término más amplio para designar una acción concertada por el hombre, sea cual fuere, que le da la posibilidad de tratar lo real mediante lo simbólico. Que se tope con algo más o algo menos de imaginario no tiene aquí más que un valor secundario.
…digo primero que si estoy aquí, ante un público tan grande, en un ambiente como éste y con semejante asistencia, es para, preguntarme si el psicoanálisis es una ciencia, y examinarlo con ustedes.

Si nos atenemos a la noción de experiencia, entendida como campo de una praxis, vemos a las claras que no basta para definir una ciencia. En efecto esta definición se aplicaría muy bien a la experiencia mística.
…al punto central que pongo en tela de juicio, a saber, ¿cual es el deseo del analista?
¿Qué ha de ser el deseo del analista para que opere de manera correcta?
¿Basta su formalización para definir las condiciones de una ciencia? ¡No! Puesto que se puede formalizar también una falsa ciencia, igual que una ciencia de verdad…El psicoanálisis como supuesta ciencia aparece bajo aspectos que podrían calificarse de problemáticos.
Las preguntas que se hace, Lacan, que nos hace a continuación, me parecen de capital importancia:
¿A qué se refieren las fórmulas en psicoanálisis?
¿Qué motiva y modula ese deslizamiento del objeto?
¿Hay conceptos analíticos formados de una vez por todas?
El mantenimiento casi religioso de los términos empleados por Freud para estructurar la experiencia analítica ¿A que se debe?
¿Se trata de un hecho muy sorprendente en la historia de las ciencias, el hecho de que Freud sería el primero, y seguiría siendo el único, en esta supuesta ciencia, en haber introducido conceptos fundamentales? ¡Sin este tronco, sin este mástil, esta estaca! ¿Dónde anudar esta práctica? ¿Podemos decir siquiera que se trata propiamente de conceptos? ¿Son conceptos en formación? ¿Son conceptos en evolución, en movimiento, por revisar?”
Y Lacan contesta lo siguiente:
“Creo que en este asunto se puede sostener que ya ha habido un avance, por una vía que solo puede ser de trabajo, de conquista, y que tiene como meta resolver la pregunta de si el psicoanálisis es una ciencia.”

Desde estas palabras de Lacan el psicoanálisis, los psicoanalistas, hemos realizado un largo camino, un camino que, en definitiva, es interminable porque continúa. Hoy en día quizá no nos preocupa tanto responder a la pregunta de si el psicoanálisis es una ciencia, el propio concepto de ciencia está puesto en cuestión, sino la constatación de que el psicoanálisis como práctica, como praxis sigue teniendo entidad científica, puesto que sigue obteniendo resultados, y resultados que se aceptan como válidos por cierta parte de nuestra sociedad y de lo que hoy llamamos la comunidad científica.

En la consideración del psicoanálisis como ciencia y en su interacción con otras ciencias (Lingüística, Matemáticas) es en lo que se basa Lacan para reinventar la teoría psicoanalítica y establecer nuevos conceptos. Los registros de Lo Simbólico, Lo Imaginario y Lo Real, y su anudamiento en el nudo Borromeo le sirvió a Lacan y nos sirve a los psicoanalistas para establecer y postular que toda praxis está indefectiblemente situada y atravesada por la acción de estos tres registros, tomados siempre los tres a la vez en este nudo inseparable. En la intersección de los tres registros tomados como conjuntos, sitúa Lacan un único elemento común para los tres, el objeto (a) y lo denomina la ausencia de objeto, la falta de objeto, el objeto faltante. En este sentido Lacan establece aquí una diferencia con Freud. Para Freud ese objeto es un objeto perdido, para Lacan nunca existió.
Entendemos esta falta de objeto postulada por Lacan como una falta constitutiva de todo ser humano, es decir que no hay un objeto que colme, que la completud no existe. Que ese vacío existencial nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida. Este postulado lacaniano es desoído una y otra vez por el discurso reinante, el discurso del Amo. La sociedad de consumo preconiza todo lo contrario de lo que propone Lacan con su postulado de la falta de objeto, de que todo no es posible, ¡al menos un objeto no! No tiene significado alguno para lo que gobierna las expectativas de la sociedad de consumo, todo es posible, todo se puede conseguir, y cuando se logre la vida será maravillosa, pero claro esta zanahoria puesta delante de las narices del burro, no siempre tiene el efecto de que el burro siga dando vueltas a la noria, en ocasiones el burro se para o da coces, parece que lo del objeto que una vez conseguido otorgará la felicidad deja de funcionar, al menos en ciertas ocasiones.
Entonces aparecen los síntomas, los síntomas que interrogan el sujeto, los síntomas que interrogan a la sociedad.
Otra de las acepciones para gobernar es también la de educar, porque educar es enseñar a los sujetos a comportarse, a regirse según una norma regla o idea, a responsabilizarse de sus acciones y a sustentarse a sí mismo.
Freud propuso la idea de que la Cultura en definitiva era, es, un mecanismo humano que le educa, le da los medios para comportarse, en definitiva le posibilita la vida en sociedad, y este mecanismo le sirve al hombre como elemento de supervivencia y de perpetuación, pero le pide algo a cambio algo muy costoso, le pide al individuo que sea capaz de aguantarse las ganas de hacer ciertas cosas, en términos freudianos a “refrenar sus pulsiones”. En “El malestar en la Cultura” Freud hace un amplio estudio de todas estas cuestiones pero nos advierte que el equilibrio entre el coste y el beneficio es un equilibrio muy precario, y que en multitud de ocasiones este equilibrio se romperá indefectiblemente. Viene a decir que esta demanda de la Cultura es casi como pedir un imposible, puesto que para el individuo habrá siempre un monto de pulsión que habrá de ser satisfecho directamente y no podrá ser sublimado (es decir satisfecho mediante objetos sustitutivos o secundarios, en defecto de los objetos primarios) Es este monto de pulsión no posible de satisfacer indirectamente el que ocasiona los síntomas, si no se satisface directa e inmediatamente.

La educación trata de enseñarnos a esto, ¿o no?, y en ese sentido ejerce una labor preventiva, si no aprendemos a comportarnos seremos castigados, Freud también postuló esto de otro modo hablándonos de la angustia de castración y del complejo de castración, como el resultado del sepultamiento del Complejo de Edipo. Si el niño no se “comporta” será castigado, será castrado.
Si no nos comportamos como ciudadanos civilizados, si violamos las reglas, la carga punitiva de la sociedad caerá sobre nosotros, a pesar de eso hay muchos individuos que prefieren arriesgarse a ser castigados en caso de ser descubiertos en sus acciones antisociales, con tal de seguir anteponiendo su libre albedrío a toda otra exigencia cultural.

Los Estados “modernos” y sus instituciones tratan de ejercer esta labor educativa, preventiva, antes de tener que ejercer la punitiva, tratan pues de gobernar apelando al buen juicio y en definitiva al autogobierno de sus individuos, pero se ve impotente a la hora de encarar los síntomas, tanto individuales como colectivos, y no hace otra cosa que una labor paliativa. Rara vez se pregunta que parte tiene la Cultura en la génesis, en la formación de esos síntomas. Se trata de acallar de una manera rápida y eficaz esos síntomas que tanto molestan. Se le pide al sujeto que se readapte a las exigencias sociales sin darle la oportunidad de averiguar el significado que esas manifestaciones sintomáticas tienen para él. Se deja el enigma sin resolver. Se pide silencio. Pero los síntomas vuelven y vuelven una y otra vez.
La propuesta del psicoanálisis, ya desde Freud, presenta una alternativa diferente, escucha los síntomas como manifestaciones externas de conflictos internos del individuo, que piden ser solucionados, en este sentido ni es preventivo ni es adaptador.
El individuo, aprende en el transcurso del análisis, que significado tienen para él sus síntomas, y además que hay un imposible, el imposible de alcanzar el ideal. Se instala la idea de que no hay completud. El individuo se impone la tarea de recuperar su memoria y reescribirla el sentido de rechazar todos los elementos fabulosos y míticos, porque estos actúan como elementos petrificados, fijados en el ánimo, que impiden o dificultan su “gobierno”.

En su conferencia titulada “Historia y memoria: entre la novela familiar y el mito individual del neurótico” Francisco Rodríguez nos propone esta reflexión y escoge una cita de Lacan para concluir la conferencia, la cita es la siguiente: “No podemos olvidar que la verdad es un movimiento del discurso que puede verdaderamente esclarecer la confusión de un pasado que ella eleva a la dignidad de la historia, sin agotar su impensable realidad”.

Podemos tomar esta imposibilidad de gobernar, educar, psicoanalizar, en el sentido lacaniano de lo Real, lo Real según Lacan es lo imposible de simbolizar. Es este intento siempre fallido de cercar lo Real, al que nos referimos cuando hablamos de imposibilidad. Porque, al gobernante, al educador, al psicoanalista, como tales, siempre habrá algo que se les terminará escapando. Por otro lado, sin el reconocimiento de los ciudadanos, de los educandos, de los analizantes, estas tres supuestas figuras no son si no una quimera, una representación imaginaria. Es este reconocimiento el que les conferirá un valor simbólico, y por tanto un verdadero valor.
En Francia, en la Edad Media, los que han pasado a la Historia con el curioso nombre de Reyes Holgazanes, que reinaron, entre los siglos VI, VII y VIII, debieron comprender a la perfección esta idea de que gobernar es imposible, ayudados por las circunstancias.

Este sobrenombre de Reyes Holgazanes se aplica a los reyes merovingios de los reinos francos durante la Baja Edad Media (Siglos VI, VII, VIII) debido a su incapacidad para gobernar. Nos cuenta la historiografía que en general fueron reyes débiles, de escasa o nula iniciativa, gobernados por sus esposas y familias, o bien víctimas de intrigas palaciegas, y que prestaban escasa atención a la política. Conforme pasaba el tiempo el funcionario encargado de la administración doméstica (el mayordomo de palacio, nombre derivado del director de la casa, el major domus) fue tomando sobre sí la tarea de gobernar.

Indagando un poco más en la vida de estos reyes, entre los cuales se encuentra Childerico II, lo que se puede constatar es que eran muy jóvenes cuando accedieron al trono, Childerico II con seis años, Clotario III, su hermano, con cinco años; todos ellos “gobernaron” bajo la tutela de sus madres hasta que llegaron a la mayoría de edad (si bien es cierto que el rey reina pero no gobierna, según reza el dicho); por otro lado o no tenían ganas o no sabían combatir las intrigas palaciegas o territoriales, por lo que muchos de ellos eran depuestos, asesinados o se retiraban a un monasterio a terminar sus días, como en el caso del ya mencionado Childerico, que se retiró a un monasterio tras ser depuesto por el Papa.

En esta época medieval estaba vigente la idea de que la legitimidad del príncipe para gobernar emanaba directamente de Dios, y que gobernar y ostentar el poder era una y la misma cosa.

En el Seminario 17 “El Reverso del psicoanálisis” Lacan nos habla de lo que conocemos con el nombre de “Los cuatro discursos” discurso universitario, discurso del amo, discurso de la histeria, y discurso del analista. Relaciona los cuatro entre sí y a la vez con los lugares simbólicos del agente, el trabajo, la producción y la verdad. A propósito del discurso del analista, en el capítulo V titulado “El campo lacaniano” dice lo siguiente: “Esta es la dificultad que trato de aproximar tanto como puedo al discurso del analista, debe encontrarse en el punto opuesto a toda voluntad, al menos manifiesta, de dominar. Digo al menos manifiesta; no porque tenga que disimularla, sino porque, después de todo es fácil deslizarse de nuevo hacia el discurso del dominio”.

Aquí Lacan nos previene contra el riesgo de que el discurso del analista se pervierta y se convierta en el del discurso del amo. El analista dirige la cura, pero no dirige la vida del analizante. A este último y sólo a él corresponde su gobierno.
Es el discurso del amo aquel que ostentaría la Plenitudo Potestatis, en latín, la totalidad del poder. Es la doctrina por la que se atribuye al Obispo de Roma, es decir, al Papa, el primado monárquico y jurisdiccional, sobre todas las restantes iglesias, reduciendo todos los poderes a la soberanía papal.
Su fundamento bíblico es un pasaje del Evangelio de San Mateo: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia… y te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que atares en la tierra, será atado en los cielos, y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”

Agustín de Hipona, interpreta este pasaje, y en su “Ciudad de Dios” atribuye al Papa, como sucesor directo de Pedro, la plenitud del poder sobre todas las iglesias, esta idea se dio en llamar el agustinismo político, ideología que sustenta la teocracia medieval.
Una teocracia, como todos sabemos, es una forma de gobierno en la que los líderes gubernamentales coinciden con los líderes de la religión dominante, y las políticas gubernamentales son idénticas o están muy influidas por los principios de la religión dominante; normalmente el gobierno afirma gobernar en nombre de Dios o de una fuerza superior, tal como especifica la religión local.

¿Podría ser la IPA un órgano de gobierno teocrático? ¿Quién y cómo garantiza hoy la transmisión del psicoanálisis? ¿La formación de futuros psicoanalistas? ¿Cómo y quien gobierna el psicoanálisis? O ¿Acaso esta pregunta sea improcedente, si es que se ve que no hay nada que gobernar? ¿Hay conceptos en psicoanálisis que están aquilatados de una vez por todas y para siempre? ¿O todos son revisables?

Lo que parece indiscutible es que el psicoanálisis de hoy no es el mismo que el que practicaba Freud ni tampoco el mismo que practicaba Lacan, se acuñó la famosa frase de “reinventar el psicoanálisis” en cada acto analítico, cada vez que un psicoanalista realiza su práctica.

Freud no le dio las llaves de su iglesia a nadie, entre otras cosas porque si de algo trató constantemente de escapar es de que el psicoanálisis fuese considerado como una iglesia. En cierto modo lo inventó, lo postuló y lo legó al mundo, convirtiéndolo en un patrimonio universal, no creo equivocarme si digo que el psicoanálisis está a disposición de todo el mundo, es un instrumento de cura. Lacan nos da bastantes indicaciones en el Seminario 7 “La ética del psicoanálisis” de cómo ser psicoanalista y en que consiste el acto analítico. Para esto no hay otro camino que el del propio análisis, y la formación como analista.

Hoy existen variadas formas de transmisión del psicoanálisis y de reelaboración de la teoría, pero fundamentalmente reconocemos como principales algunas de ellas, en lo tocante al propio análisis tenemos la institución del pase, instituida por Lacan, en lo tocante a la teoría, cárteles seminarios y jornadas. Aunque no todas las asociaciones de psicoanalistas recogen todas en su práctica, me parece que la diversificación existente a este respecto es una buena forma de mantener vivo el psicoanálisis como práctica y un modo certero de actualizar la teoría. Es una manera de alejarse del discurso del amo y del discurso universitario.

La teoría está siempre sometida a las modificaciones que impone la práctica, y son ésta modificaciones las que se recogen e incorporan a través de las instituciones psicoanalíticas anteriormente mencionadas, lo que propicia un cierto gobierno, que me atrevería a calificar de democrático.

¿Qué tiene el psicoanálisis? ¿Qué le ha permitido escapar del anonimato y de la muerte intelectual como muchos otros movimientos científicos o de pensamiento que tras un periodo de auge han sucumbido víctimas del abandono de los hombres que se adscriben una y otra vez sin cesar a los movimientos de moda, a lo nuevo? ¿Acaso sus postulados no son sino propuestas de simbolización que se adaptan a las épocas como el camaleón a su entorno?

Acaso el discurso del analista si está bien situado, en el sentido lacaniano del término “situado”, escapa de quedar atrapado en las garras del discurso universitario, del discurso del amo, y le alienta el discurso de la histeria, porque es el discurso de la histeria el que hay que escuchar si se quiere aproximar el sentido de lo que significa gobernar, gobernarse. Porque es la Histeria la que formula las preguntas de otro modo, las preguntas por los significados ocultos, enigmáticos, de los síntomas. Es la escucha psicoanalítica la que propicia otro tipo de respuestas.

imagen decorativa de huellas sobre la arena

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