Los psicólogos

Nota inicial:

Repasando textos antiguos, me he encontrado con este que, escribí para participar en una Mesa Redonda, que tuvo lugar en las Terceras Jornadas de Deontología, celebradas en Valencia los días 2 y 3 de marzo de 2001, organizadas por el Colegio Oficial de Psicólogos Valenciano. A pesar del paso del tiempo, muchas de las ideas que en él se expresan, me parece que siguen vigentes. Aunque el texto está dirigido, preferentemente, a los profesionales que participaban en aquellas jornadas, psicólogos, psiquiatras, médicos  y otros; podría decirse que también lo está a quienes por necesidades perentorias que acontecen en sus estados de ánimo, buscan en la red, como se dice hoy en día, alguien a quien dirigirse para solucionar un problema. Gracias a todos.

Fernando Reyes

 

 

Los Psicólogos:

 

En estos tiempos en los que los psicólogos hemos salido del anonimato, estamos en los foros públicos, estamos en las redes de salud mental, estamos en los colegios, estamos en las empresas y trabajamos en el ámbito privado, nos vemos sometidos a examen.

 

¿Quiénes son estos señores que, ni son médicos, ni son psiquiatras, ni son maestros, ni son filósofos, pero que andan por ahí y hacen cosas que sirven a la gente?  Se podría preguntar un hipotético observador que viese que nuestras intervenciones cada vez se tienen  más en cuenta y se requieren más nuestras actuaciones en los diferentes sectores sociales.

 

No es fácil contestar a esta pregunta, quienes somos y que hacemos; en las últimas jornadas celebradas en Valencia sobre Deontología (*)*, se plantearon estas preguntas; ¿quiénes somos los psicólogos? ¿Para que servimos? ¿Estamos “sanos”? ¿En que ámbitos nos movemos? Y si realmente nuestras actuaciones se regulan o no por algún código en cuanto a consideraciones éticas se refiere.

 

En estas jornadas, entre otras cosas, hubo espacio para otros profesionales que nos contaban su experiencia y nos hablaban de la manera en que  ellos atendían a sus asuntos deontológicos y como podíamos beneficiarnos nosotros de lo que ellos averiguaban en cuanto a su salud  y a sus formas de actuación.

 

Concretamente los filósofos nos dijeron, ¡no nos olvidéis!  Y los médicos nos contaron lo difícil que les resulta a ellos articular estamentos y programas que les ayuden a revisar y mejorar la salud de sus profesionales. A los médicos, por estatus, por imagen, les cuesta reconocer que ellos también pueden estar enfermos, no solo en cuanto a lo orgánico, que eso parece de Perogrullo, sino además, en cuanto a lo psíquico que eso, ya no lo es tanto. Según la, a mi parecer, muy loable intervención del Dr. Antoni Arteman, entre otras cosas nos habló de lo que para ellos se considera constitutivo de enfermedad en un médico y nos dijo que ellos lo definían como aquel médico que podía ver afectada negativamente su práctica por causa de problemas psíquicos y/o conductas adictivas al alcohol y otras drogas, incluidos los

Psicofármacos.

 

Los psicólogos, estamos en condiciones de formularnos la misma pregunta, cómo saber si estamos sanos, cómo reconocer que, en ocasiones podríamos no estarlo, y cómo solucionar ese aspecto en caso de presentársenos, para que nuestro déficit, nuestra enfermedad, no incida o lo haga lo menos posible, en nuestras actuaciones como profesionales.

 

Tampoco nos resulta fácil,  a los psicólogos, en eso nos parecemos a los médicos, reconocer que podemos  “enfermar “. Mi participación en las citadas jornadas tuvo lugar en una mesa redonda  en la que se intentaba plantear el asunto de la salud mental de los psicólogos, y mi opinión al respecto iba en este sentido, es decir, en el de que ser psicólogo, no es una “ Patente de Corso “ de salud psíquica, prefiero el término  “ psíquico “  en lugar de “ mental “, pues para mí, “ psiquis “, es un término mas amplio que el de “ mente “, aunque en definitiva pueden considerarse como términos sinónimos pues ambos remiten al término “ alma “ si los buscamos en el diccionario.

 

No pretendo en este espacio dilucidar nada de lo referente a lo que significan  los términos “salud “y “alma “(mente, psiquis) eso será objeto de otro trabajo que, si me dais tiempo y oportunidad, no tardando mucho vea la luz. Pero baste decir que, la salud, tiene que ser algo semejante a un estado que nos permita trabajar con otros y para otros de modo tal que no se interrumpan sus procesos vitales, siendo eso una cosa distinta para cada cual en su inimitable particularidad.

 

Pretendo alentaros a trabajar de una manera  en la que nos aproximemos más al filósofo que al médico, al literato que al ingeniero, al poeta que al legislador, al artista que al político, quizá esta sea una reivindicación, mas bien una sugerencia, con ligeras connotaciones románticas, si es que el término no ha perdido aún todo su vigor, y en estos albores del siglo veintiuno, se puede todavía seguir hablando así.

 

En diccionarios y enciclopedias encontramos definido el término psicología como una parte de la filosofía que trata del alma sus facultades y operaciones,  naturalmente hay más acepciones, pero a mí me ha gustado esta. Que yo me haya quedado con esta definición no quiero que induzca a error, tampoco pienso que los psicólogos seamos curas, ni sacerdotes, ni chamanes, ni magos, ni curanderos (aunque sí intervengamos en la cura), a pesar de eso todavía tenemos que oír comentarios en ese sentido; recientemente esperando mi turno para comparecer en un juicio como testigo de parte, coincidí fuera de la sala con quien resultó ser el médico forense (me enteré después, de casi acabada nuestra conversación), quien no dudó en afirmar sin ningún pudor que a ella “eso” de la psicología le parecía magia, yo reconozco que me sentí ofendido(con todos mis respetos para los magos) y le dije que, los psicólogos, todavía teníamos mucho camino por recorrer,   para quitarnos el estigma de ser considerados unos charlatanes(mis respetos a los charlatanes de oficio) en muchos estamentos, enseguida recogió velas y dijo que lo de charlatanes era demasiado fuerte, que ella no quería decir tanto, pero que eso de saber algo de una persona solo por mirar un dibujito que hubiese hecho en un papel, era lo que le parecía perteneciente al campo de la magia, y yo me deshice en consideraciones a cerca de la validez y fiabilidad de las pruebas psicométricas y sobre todo de aquellas que se aplican en el campo de la neuropsicología. En el fondo mi afán no era otro que el de defender el buen nombre de los psicólogos (corporativismo poco pero oportuno), y del respeto y consideración social de los que creo que cada vez somos más merecedores. Siempre pecamos de quijotes, y aunque este término también esté sujeto a diferentes acepciones, lo quiero tomar en el sentido de no valorar suficientemente nuestro trabajo y nuestro quehacer profesional, hay que decir que, los esfuerzos que estamos realizando de formación permanente tanto en lo teórico como en lo práctico, así como en el campo de lo deontológico, no están cayendo en saco roto.

 

Escribir es siempre dar rienda suelta a un borbotón inconsciente, y después al releer lo escrito viene el tiempo de las correcciones, de la censura, ¡Esto no me gusta y no lo pongo!, ¡Cómo voy a atreverme a decir esto!, ¡Esto otro me parece que va a sonar mal! Pero con la valentía que en este caso creo que me acompaña, me voy a permitir dejar el texto tal y como va saliendo.

Por eso me atrevo a decir que los psicólogos tenemos que tener un poco de todo, parafraseando a Ortega, “ Yo tengo que ser a la vez profesor de universidad, periodista, literato, político, contertulio de café, torero, hombre de mundo, algo así como párroco y no sé cuantas cosas más”. No se me malinterprete con esta cita de Ortega, tampoco quiero decir con esto que esté defendiendo el eclecticismo, las cosas en su justa medida, cada uno que siga la orientación teórica que le parezca mejor y la defienda en buena lid. Lo que sí digo es que los psicólogos nos tenemos que nutrir de la literatura, de la filosofía, de la ciencia, del arte, de la música, en definitiva de la cultura, si es que fuera posible de algún modo estar fuera de ellas.

 

No podemos limitarnos a ser muy buenos en nuestro campo y ya está, por decirlo de una manera un tanto rebuscada, a convertirnos en una especie de especialistas o altos ejecutivos de las finanzas psicológicas, totalmente al margen del mundanal ruido.

 

Siendo un afán deontológico el que, en el fondo, me ha movido a escribir este artículo no quiero dejar pasar la oportunidad de mencionar algún artículo del Código Deontológico que tenga que ver con los temas que nos ocupan y así me remito en este caso al Artículo nº 5 que reza así: El ejercicio de la psicología se ordena a una finalidad humana y social que puede expresarse en objetivos tales como: el bienestar, la salud, la calidad de vida, la plenitud del desarrollo de las personas y de los grupos, en los distintos ámbitos de la vida individual y social. Puesto que el /la psicólogo /a no es el único profesional que persigue estos objetivos humanitarios y sociales, es conveniente y en algunos casos es precisa la colaboración interdisciplinar con otros profesionales, sin perjuicios de las competencias y saber de cada uno de ellos.

 

Así mismo, me parece oportuno aludir al Artículo nº 17, que aún sin hacer mención explícita de la obligación que creo que tenemos todos los psicólogos de revisarnos personalmente para estar “sanos”, sí recoge el espíritu de actualización que debe movernos en este sentido, y dice así: La autoridad profesional del Psicólogo/a se fundamenta en su capacitación y cualificación para las tareas que desempeña. El/la Psicólogo/a ha de estar profesionalmente preparado y especializado en la utilización de métodos, instrumentos, técnicas y procedimientos que adopte en su trabajo. Forma parte de su trabajo el esfuerzo continuado de actualización de su competencia profesional. Debe reconocer los límites de su competencia y las limitaciones de sus técnicas. 

 

Espero que el artículo contribuya en la medida de lo posible a seguir formando esa idea de identidad que tanto necesitamos los psicólogos, para considerarnos profesionales  con un saber científico propio, con una concepción del hombre singular y con una idea de contribución a la sociedad en todos sus ámbitos, que hace ya más de un siglo está aportando consideraciones nuevas a las relaciones sociales y culturales de los diferentes pueblos que habitamos el planeta.

* III as. Jornadas de Deontología 2 y 3 de marzo de 2001.

Fernando Reyes

Psicólogo-Psicoanalista

 

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