El Síntoma. Parte 1

El Síntoma. Parte 1

En medicina, los síntomas son las manifestaciones perceptibles de una enfermedad subyacente que de otro modo podría seguir no detectada. El concepto de síntoma se afirma entonces sobre una distinción básica entre superficie y profundidad, entre los fenómenos (objetos que se pueden detectar directamente) y sus causas ocultas que no se pueden experimentar sino que hay que inferir.

En la obra de Lacan la palabra “síntoma” se refiere por lo general a los síntomas neuróticos, es decir, a las manifestaciones perceptibles de la neurosis, y no de las otras estructuras clínicas. Por lo tanto, las manifestaciones de las psicosis, como las alucinaciones y los delirios, no son habitualmente llamadas síntomas sino fenómenos, mientras que la perversión se manifiesta en actos perversos.

Lacan sigue a Freud al afirmar que los síntomas neuróticos son formaciones del inconsciente, y que siempre constituyen una transacción entre dos deseos conflictivos, la originalidad de Lacan reside en que entiende los síntomas neuróticos en términos lingüísticos: “El síntoma se resuelve enteramente en un análisis del lenguaje, porque el síntoma está en sí mismo estructurado como un lenguaje” (Lacan: Escritos I. Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis. 1953).

Lacan dice que el síntoma es un significante (si bien es cierto que cuando Lacan habla de los significantes a menudo se refiere a lo que otros llamarían sencillamente “palabras”, estos dos términos no son equivalentes. También pueden funcionar como significantes unidades lingüísticas más pequeñas que las palabras como morfemas o fonemas, o más grandes que las palabras como frases y oraciones y además pueden hacerlo también entes no lingüísticos, por ejemplo objetos, relaciones y actos sintomáticos) Esto diferencia la concepción psicoanalítica del síntoma respecto del enfoque médico, que lo considera como un índice (Lacan concibe el índice como un “signo natural”, en el cual hay una correspondencia unívoca fija entre signo y objeto, a diferencia del significante que no tiene ningún vínculo fijo con ningún significado.) Una consecuencia de tal distinción es que en lo que concierne a la teoría psicoanalítica, ningún síntoma neurótico tiene un sentido universal, puesto que es el producto de la historia singular del sujeto del que se trata. A pesar de sus aparentes semejanzas todos los síntomas neuróticos son singulares.

Desde 1962 en adelante se advierte en la obra de Lacan una tendencia gradual a apartarse de la concepción lingüística del síntoma y a acercarse a un enfoque que lo ve como puro goce que no puede ser interpretado.

Sólo en 1960 desarrolló Lacan su oposición clásica entre goce y placer. El principio de placer funciona como un límite al goce. Es una ley que le ordena al sujeto “gozar lo menos posible”. Al mismo tiempo el sujeto intenta constantemente transgredir las prohibiciones impuestas a su goce, e ir “más allá del principio de placer”. No obstante, el resultado de ir más allá del principio de placer no es más placer sino dolor puesto que el sujeto solo puede soportar cierta cantidad de placer. Más allá de este límite el placer se convierte en dolor, y este, “placer doloroso” es lo que Lacan denomina goce: “El goce es sufrimiento” (Seminario 7. El Reverso del Psicoanálisis). El término “goce” expresa entonces la satisfacción paradójica que el sujeto obtiene de su síntoma o, para decirlo en otras palabras, el sufrimiento que deriva de su propia satisfacción (La “ganancia primaria de la enfermedad” en los términos de Freud).

La prohibición misma del goce (el principio de placer) crea el deseo de transgredirla y el goce es por lo tanto fundamentalmente transgresor.

“Pulsión de muerte” es el nombre dado al deseo constante del sujeto de irrumpir a través del principio de placer hacia “la cosa” y hacia un cierto exceso de goce: el goce es entonces la senda hacia la muerte (Seminario 17, El Reverso del Psicoanálisis).

Existen también fuertes afinidades entre el concepto lacaniano de goce y el concepto freudiano de libido, como se advierte con claridad en la descripción por Lacan del goce como una “sustancia corporal” (Seminario 20, Aún) Freud habla de la cosa utilizando indistintamente dos términos “Das Ding” y “Die Sache”. Lacan hace la distinción para cada uno de estos términos empleados por Freud para designar la cosa (entendamos la cosa como el objeto del deseo) Das Ding es la cosa en sí, el objeto en su dimensión “real”, no tiene lugar en el inconsciente y Die Sache es la representación de Das Ding en el campo de lo simbólico y sí tiene lugar en el inconsciente. Das Ding es el objeto del deseo. Es el objeto perdido que debe volver continuamente a reencontrase, es el Otro prehistórico, inolvidable (Seminario 7, La Ética del Psicoanálisis); en otras palabras el objeto prohibido del deseo incestuoso, la madre (Seminario 7, La Ética del Psicoanálisis) El principio de placer es la ley que mantiene al sujeto a una cierta distancia de la cosa (Das Ding) haciendo que gire en torno a ella sin alcanzarla nunca. La cosa se le presenta entonces al sujeto como su Bien Supremo, pero si el sujeto transgrede el principio de placer y alcanza este bien lo experimenta como sufrimiento/mal, porque el sujeto no puede soportar el bien extremo que “Das Ding” puede brindarle. Tiene entonces la suerte de que La Cosa sea inaccesible (Seminario 7, La Ética del Psicoanálisis).

Este concepto lacaniano de Das Ding dará lugar a lo que después llamó “el objeto a”. En el Seminario 11, (Los Cuatro Conceptos fundamentales del Psicoanálisis) hablará de que el objeto a es rodeado por la pulsión y es entonces la causa del deseo. Pero el lugar del objeto a es un lugar vacío. El objeto a es la falta de objeto.

(Textos tomados de: Diccionario de Psicoanálisis Lacaniano. Dylan Evans. Paidós, Barcelona, Buenos Aires, México, D.F., 1997)

 

Resumen

Los síntomas neuróticos son formaciones del inconsciente que siempre constituyen una transacción entre dos deseos conflictivos.

El síntoma es el producto singular de la historia del sujeto del que se trata. Y es un texto que requiere su enunciación y que se transforma en una pregunta al Otro. Es el resultado de una o más de una vivencia subjetiva que no ha podido ser simbolizada del todo o en parte.

Los síntomas no tienen valor universal sino que requieren ser tratados en el contexto particular de cada sujeto. A pesar de las similitudes que presentan algunos síntomas su significación es distinta para cada uno de los sujetos que los padecen.

A pesar de lo antedicho se puede hacer mención de la formulación de algunos malestares que son lugares comunes, aunque sin olvidar que los motivos por los que todo esto sucede son siempre diferentes para cada sujeto.

– Me cuesta trabajo tomar decisiones porque tengo miedo a equivocarme cuando hago una elección y una vez hecha siempre pienso que la otra alternativa era la mejor.

– Tengo que tener siempre el control de la situación porque si no me angustio, esto me está llevando a perder todas o casi todas mis relaciones.

– Cuando los demás no me hacen el caso que yo quiero me siento sola y abandonada. Y siempre estoy pensando en cómo tomarme la revancha. Pero todo esto me hace sufrir y no sé cómo pararlo.

– No puedo centrarme en los estudios sólo pienso en divertirme. Pero no hago más que pensar en que tengo que estudiar cuando estoy fuera de casa y en salir cuando me pongo a estudiar. Me obsesiona la idea de fracaso pero no hago nada, es superior a mis fuerzas.

– No concibo salir y divertirme sin tener que consumir drogas, me he propuesto varias veces dejarlo pero cada vez va a más. Esto ya me supera.

– Me siento tímido y no sé muy bien qué hacer para acercarme a una mujer y proponerle salir o hacer alguna cosa juntos. Siempre tengo que ir en compañía de amigos para que me presenten a alguna de sus amigas. Pero luego a solas lo estropeo todo porque me corto y no sé de qué hablar.

– No puedo dormir. Me vienen tantas ideas a la cabeza que me cuesta trabajo conciliar el sueño, siempre estoy pensando en lo que tengo que hacer al día siguiente. Cuando por fin me duermo, me despierto muy pronto y vuelta a empezar. Me preocupo por todo.

El catálogo de síntomas sería interminable, tantos como sujetos. Tomemos este pequeño esbozo como punto de referencia orientativo e imaginario.

Añadamos por último que todo síntoma es una solución de compromiso que se necesita a modo de sostén hasta que puedan operarse cambios en la posición subjetiva. Cuando los síntomas ya no hacen falta, por decirlo así, desaparecen. Pero eso requiere un tiempo. El tiempo de un análisis.

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