El diván

He buscado, por Internet, como no, alguna cosa que hablase del diván de los psicoanalistas. No he pasado de las primeras diez entradas, pero he encontrado un pequeño artículo en El País del lunes 14 de julio de 2008, del que recomiendo la lectura, que lleva por título:

El diván como potencia literaria.

En general, quienes dejan en él su testimonio, escritores en su mayoría, refieren una experiencia sin parangón.
Mi pequeña aportación al respecto va en la misma línea: Tomo literalmente un fragmento de dicho artículo, que ilustra mi modo de pensar: << Tahar Ben Jelloun sostiene que el rechazo al psicoanálisis viene del "miedo a ir al fondo de sí y el miedo a descubrir lo que no se tiene en absoluto deseo de descubrir". >>
Por otro lado, en este artículo se pregunta también si el psicoanálisis es o no una ciencia, siguiendo las ideas que se preconizan en El libro negro. Recojo a este respecto otro fragmento del artículo:

<1, otro escritor argentino, subraya que lo que hizo Freud fue rendirle un homenaje sincero y profundo a la poesía, y lo hizo porque «el análisis es una actividad esencialmente verbal», y porque «la palabra es el único instrumento terapéutico con que cuenta». >>

Y a este respecto puedo añadir que el psicoanálisis es algo que está a caballo entre la ciencia y el arte, si tomo prestada una idea de Jacques Nassif.

Cuando propongo a quienes acuden a mi practicable de psicoanálisis que “pasen” al diván, lo hago siempre con el convencimiento de que si lo aceptan, será entonces cuando comiencen su análisis verdaderamente. Después recojo sus testimonios acerca de su “paso” al diván. Todos van en la línea de: “¡sí, es diferente!”. Me ratifico en su uso. Es lo que distingue a los psicoanalistas.

1. Cuyo libro El Entenado, me atrevo a recomendar.

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